Los reintentos de suicidio continúan siendo uno de los predictores más sólidos de la conducta suicida y representan un importante problema de salud pública, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Aunque diversos estudios han identificado numerosos factores de riesgo asociados a la repetición de la conducta suicida, todavía se conoce poco sobre cómo estos factores interactúan a lo largo del tiempo y configuran diferentes trayectorias tras un primer intento de suicidio.
Con el propósito de abordar esta cuestión, Pérez y cols. (2026) llevaron a cabo el mayor estudio prospectivo multicéntrico realizado en España, dentro del proyecto de investigación SURVIVE. Este estudio tenía como objetivo identificar las características basales asociadas al reintento de suicidio en 1.730 personas de edades a partir de 12 años de edad, atendidas en ocho hospitales terciarios de distintos centros de salud mental españoles. Los participantes fueron sometidos a una evaluación clínica exhaustiva y seguidos durante 12 meses tras un intento de suicidio índice. Durante este periodo se registraron los reintentos de suicidio, así como variables sociodemográficas, clínicas y psicológicas, con el fin de determinar qué factores predecían de forma independiente un nuevo intento de suicidio.
La complejidad del fenómeno del reintento de suicidio: principales predictores clínicos
Durante el periodo de seguimiento de 12 meses, varias características evaluadas al inicio del estudio emergieron como predictores independientes y significativos del reintento de suicidio. Las personas que informaban de una mayor frecuencia de ideación suicida presentaban una probabilidad considerablemente más elevada de volver a intentar suicidarse, siendo la presencia de pensamientos suicidas diarios o casi diarios uno de los predictores más potentes. Asimismo, los participantes con uno a tres intentos de suicidio previos mostraban un mayor riesgo de reintento, mientras que aquellos con cuatro o más intentos previos presentaban una probabilidad aún mayor de reincidir.
La negligencia emocional moderada o grave durante la infancia también se identificó como un importante predictor, poniendo de manifiesto el impacto a largo plazo de las experiencias adversas tempranas sobre la conducta suicida. Además, los individuos que recibían cuatro o más psicofármacos presentaban un mayor riesgo de reintento, lo que sugiere que una mayor carga farmacológica podría reflejar una mayor complejidad clínica o resistencia al tratamiento. Uno de los hallazgos más relevantes estuvo relacionado con la edad: aunque la autolesión no suicida fue considerablemente más frecuente entre los adolescentes, únicamente predijo el reintento de suicidio en los adultos.
Implicaciones clínicas para la prevención del reintento de suicidio
Los hallazgos de este estudio refuerzan la importancia de realizar evaluaciones dinámicas e individualizadas del riesgo suicida. En este sentido, los autores sostienen que, en lugar de basarse exclusivamente en una única evaluación clínica realizada inmediatamente después de un intento de suicidio, los profesionales deberían monitorizar de forma continuada a los pacientes durante el seguimiento, especialmente a aquellos que presentan múltiples características de alto riesgo.
Además, los autores señalan que los pacientes con ideación suicida frecuente, antecedentes de intentos de suicidio, historia de negligencia emocional, elevada carga de medicación psicotrópica o autolesión no suicida podrían beneficiarse de un seguimiento más intensivo, de intervenciones centradas en el trauma, de planes de seguridad y de tratamientos basados en la evidencia. Estos factores, de tipo pronóstico y no causal directo, deben evaluarse en estudios de intervención para determinar si la modificación de estos factores reduce realmente la probabilidad de futuros intentos de suicidio.
Asimismo, los adolescentes y los jóvenes podrían diferir de los adultos en la forma en que experimentan la autolesión no suicida. En este sentido, durante la adolescencia este comportamiento podría cumplir principalmente una función de regulación emocional, más que reflejar una intención suicida inminente, mientras que en la edad adulta podría indicar una vulnerabilidad más persistente hacia la conducta suicida. Estos resultados subrayan la importancia de considerar las diferencias evolutivas al evaluar el riesgo suicida y diseñar estrategias de intervención.
A pesar de la solidez de estos hallazgos, los autores destacan la necesidad de complementar las evaluaciones basales con metodologías como la evaluación ecológica momentánea (Ecological Momentary Assessment, EMA) y otros sistemas de monitorización dinámica que permitan captar las fluctuaciones a corto plazo de la ideación suicida y del malestar psicológico.
En conjunto, este estudio multicéntrico aporta evidencia sólida sobre los factores basales asociados al reintento de suicidio tras un primer intento. Los hallazgos de esta investigación tienen importantes implicaciones para mejorar la estratificación del riesgo, orientar la toma de decisiones clínicas y optimizar el seguimiento de las personas con mayor riesgo de repetir conductas suicidas. Los autores del estudio respaldan la necesidad de implementar enfoques más personalizados y sensibles al momento vital de los pacientes. Asimismo, la investigación debe ir más allá de los factores de riesgo estáticos tradicionales e incorporar más factores asociados a la edad, la historia de trauma y los cambios continuos en la ideación suicida.


